Esta semana, Bungie ha dado el pistoletazo de salida a Destiny 2: The Edge of Fate (Los Confines del Destino en español), una expansión que marca el inicio de una nueva saga para el icónico looter espacial. Sin embargo, el estudio norteamericano se tendrá que enfrentar a una recepción bastante más tibia que la que planteaban los lotes de contenido anteriores —en cuanto a críticas, pero especialmente en cuanto a índices de actividad.
A modo ilustrativo, SteamDB nos dice que el pico de actividad que se esperaba con el lanzamiento de la expansión se ha cerrado en 99 120 jugadores simultáneos desde la plataforma de Valve; una cifra que si bien no está mal para los estándares de la industria triple-A, desde luego sí se queda muy lejos de los más de 314 000 entusiastas que se congregaron para jugar a la expansión anterior (The Final Shape) en junio del año pasado.
Como decía, la opinión generalizada de quienes sí le han dado una oportunidad a lo nuevo de Destiny 2 también está dividida: aunque el consenso parece ser que estamos ante una campaña «del montón bueno», muchos consideran que los cambios que Bungie ha implementado en la interfaz o los sistemas de progresión son desaciertos, tiros que se quedan cortos e incluso pasos hacia atrás en algunas instancias concretas.
Algunas críticas comunes van dirigidas al hecho de que la carta estelar que hacía las veces de mapamundi se ha teñido de gris y dejado obsoleta en favor de una nueva pestaña llamada portal que no tiene el carisma del sistema anterior; y que no se han implementado grandes novedades en términos de piezas excepcionales o actividades con potencial rejugable como los asaltos (hasta la llegada de la raid).
