Ascend to ZERO parte de una idea que, dentro de un género tan saturado como el roguelike, consigue llamar inmediatamente la atención: convertir el tiempo en el recurso más importante de toda la experiencia. En lugar de utilizar una cuenta regresiva simplemente como una amenaza que nos obliga a apresurarnos, Flyway Games construye prácticamente todo el juego alrededor de ella. Comenzamos cada partida con apenas 30 segundos y nuestra misión consiste en aprovechar cada instante para derrotar enemigos, conseguir mejoras y extender nuestra propia vida mientras intentamos cambiar un futuro en el que la humanidad prácticamente ha desaparecido. La historia nos coloca en un escenario posapocalíptico dominado por hordas mecánicas. El protagonista, conocido como el Chrono Child o Último Niño Humano, dispone de una máquina del tiempo defectuosa que únicamente puede enviarlo unos segundos al pasado.

Lo que inicialmente parece una herramienta inútil termina convirtiéndose en nuestra principal posibilidad de alterar los acontecimientos y evitar la destrucción de la humanidad. A esto se suma la presencia de una misteriosa criatura que nos proporciona información y recursos, aunque sus verdaderas intenciones permanecen poco claras. La mecánica temporal es, sin duda, el elemento que más personalidad aporta a la propuesta. El reloj corre constantemente, pero podemos conseguir segundos adicionales al derrotar enemigos y superar encuentros. Además, la capacidad de detener el tiempo permite reposicionarnos, preparar ataques, escapar de situaciones complicadas o simplemente encontrar el momento adecuado para golpear. No se siente como una habilidad secundaria añadida para justificar la temática, sino como una herramienta que condiciona constantemente nuestra manera de jugar. Esto hace que los combates tengan un componente estratégico bastante interesante. Los controles son relativamente sencillos y las acciones responden bien, pero los enfrentamientos exigen algo más que reaccionar rápidamente. Cada encuentro puede convertirse en una especie de pequeño rompecabezas en el que debemos decidir cuándo atacar, cuándo esquivar, qué enemigos eliminar primero y cuándo merece la pena utilizar la manipulación temporal.

La velocidad es importante, pero también lo es saber administrar los pocos segundos que tenemos disponibles. La progresión sigue muchas de las reglas conocidas del género. Durante las partidas podemos conseguir habilidades, chips, poderes, armas y mejoras estadísticas que permiten construir configuraciones diferentes. La variedad de posibilidades resulta especialmente importante porque no existe una única forma de enfrentarse a los enemigos. Podemos optar por un estilo cuerpo a cuerpo basado en una espada y movimientos rápidos o apostar por ataques a distancia mientras nos desplazamos constantemente alrededor de los adversarios. Fuera de las partidas también existe una progresión considerable. Rescatar a otros personajes permite llevarlos de vuelta al centro de operaciones, donde desbloquean nuevas funciones, venden objetos o permiten realizar ajustes a la máquina del tiempo. Además, algunos de ellos desbloquean nuevos Avatares, que funcionan prácticamente como clases diferentes y modifican de manera importante la forma de jugar. El primero que podemos conseguir es un guerrero equipado con katana, pero existen más posibilidades que descubrir a medida que avanzamos.

Otro detalle interesante es que los niveles de los enemigos aparecen indicados antes de entrar en determinadas zonas. Esto permite decidir si queremos asumir un riesgo enfrentándonos a adversarios más poderosos a cambio de conseguir mejores recompensas o si preferimos avanzar contra enemigos de un nivel más manejable. El sistema genera una tensión adicional que encaja bastante bien con la idea de administrar nuestros recursos y elegir cuidadosamente dónde invertir el tiempo de cada partida. La sensación de crecimiento puede ser bastante marcada. Comenzamos prácticamente desde cero y, conforme derrotamos enemigos y acumulamos experiencia, nuestro nivel aumenta rápidamente. A esto se suman las mejoras permanentes y el rescate de compañeros, creando esa sensación tan característica de los roguelikes en la que una derrota no necesariamente significa haber perdido el tiempo. Cada intento proporciona algo que puede facilitar el siguiente.

Visualmente, Ascend to ZERO apuesta por una estética de pixel art combinada con escenarios futuristas y elementos de ciencia ficción. No es precisamente una dirección artística revolucionaria, pero cumple muy bien con su propósito. La acción puede volverse bastante caótica y la claridad visual resulta fundamental para poder identificar enemigos, ataques y oportunidades de movimiento. En ese sentido, el estilo funciona mejor por su legibilidad que por intentar sorprender constantemente. No todo funciona con la misma eficacia. Las primeras horas pueden sentirse algo restrictivas mientras permanecen bloqueadas algunas de las mejoras y posibilidades más interesantes. Además, la localización presenta ocasionalmente diálogos poco naturales, algo que puede afectar a determinados momentos narrativos. También existe el riesgo de que, una vez encontrada una combinación especialmente poderosa, la progresión final pierda parte de la dificultad, ya que algunas configuraciones pueden comenzar a crecer de manera demasiado rápida.
A esto se suma que la variedad de enemigos y encuentros no siempre evoluciona al mismo ritmo que las posibilidades de nuestro personaje. La fórmula resulta entretenida y ofrece bastante margen para experimentar, pero después de varias horas puede aparecer cierta sensación de repetición. Es un problema especialmente relevante en un roguelike, donde la variedad y la capacidad de sorprender al jugador son fundamentales para mantener viva la idea de “una partida más”. Aun así, Ascend to ZERO consigue diferenciarse gracias a una mecánica central muy bien integrada. La idea de empezar con apenas 30 segundos y convertir cada enemigo, cada recompensa y cada decisión en una oportunidad para prolongar nuestra existencia funciona realmente bien. No es simplemente un roguelike con una estética de viajes temporales: el tiempo condiciona el combate, la exploración y la progresión, y eso le proporciona una identidad propia.
