Zelda: Ocarina of Time es uno de los videojuegos más queridos de la historia

¿Qué es lo que convierte a The Legend of Zelda: Ocarina of Time en uno de los mejores videojuegos de toda la historia? La respuesta a esta pregunta ha dado lugar a miles de reflexiones, artículos físicos y digitales, reacciones en redes sociales y vídeos de Youtube; expresiones del inmenso cariño alrededor de este juego en el que no faltan referencias a los múltiples hitos que alcanzó Nintendo con la obra. Porque el título de Nintendo 64 fue una verdadera revolución para la época: el largo y desafiante viaje de Link permeó en la memoria de millones de jugadores, la integración del sistema ‘Z-targeting’ cambió para siempre el desarrollo de proyectos de acción y aventuras, y el Reino de Hyrule se estableció como una de las representaciones más épicas de un escenario de fantasía en el contexto de las experiencias digitales.

Y esto último resulta particularmente interesante para cualquiera que haya disfrutado de más entregas de la saga The Legend of Zelda, pues Nintendo cautivó a todo el mundo con un recorrido heroico a través de una Hyrule ‘dividida’ en dos versiones: la que vive Link niño y la que encuentra Link adulto tras sacar la Espada Maestra del Templo del Tiempo. Un concepto nada ajeno para la compañía, que ya había empleado una fórmula de diseño de mapas similar. Sin embargo, la manera en la que el equipo refrescó sus propias estructuras en lo que respecta a ‘world-building’ fue precisamente lo que convirtió la Hyrule de Ocarina of Time en la más especial de todas.

The Legend of Zelda ha jugado en múltiples ocasiones con la idea de otorgar al jugador una experiencia de juego en dos escenarios diferentes, pero vinculados entre sí. La historia de la franquicia evidencia estos repetidos esfuerzos por parte de Nintendo: A Link to the Past llevó a Link de una Hyrule normal a la versión siniestra, retorcida y contrapuesta del Mundo de las Tinieblas; Twilight Princess siguió un esquema similar, colocando a los usuarios en el sombrío Reino del Crepúsculo como un entorno totalmente inédito en la saga con sus propias reglas y criaturas. En ambos casos, Link tuvo la oportunidad de moverse por dos entornos distintos y observar cambios significativos en la Hyrule que conocía previamente; una mecánica también replicada en Ocarina of Time, pero añadiendo un recurso adicional que se estableció rápidamente como uno de los puntos clave de toda la experiencia. Hablamos, claro está, del salto temporal.

Nuevamente, Nintendo no era una novata en lo que respecta a la inclusión de viajes temporales en The Legend of Zelda. Previamente, la desarrolladora nipona ya había usado dicho concepto como un interesante recurso en una entrega donde el paso de los años se establece como la piedra angular de la experiencia: Oracle of Ages. Y, aunque esto vino poco después, la compañía también empleó mecánicas similares tras el lanzamiento de Ocarina of Time con el aplaudido Majora’s Mask, estableciendo aquí un bucle de tres días inmediatamente anteriores a la demoledora caída de la Luna en Términa. Los dos títulos usan el paso del tiempo como un elemento adicional para la resolución de rompecabezas y nutren asimismo la narrativa presentando las consecuencias de actos sucedidos en el pasado. No obstante, y aunque Ocarina of Time también integra tales características en su presentación de dos versiones pasado/futuro de Hyrule, la obra de Nintendo 64 sugiere una epicidad mayor añadiendo un ingrediente extra a su receta: el peso de una transición.

Ahora bien, antes de ahondar en los motivos por los que dicha progresión tuvo un papel fundamental en la recepción positiva del juego (así como en el hecho de que sigamos hablando de él casi 30 años después de su lanzamiento), es importante entender que nada de esto sería posible sin la gran ventaja de la que dispuso Nintendo en 1998: Ocarina of Time, su entrega más épica hasta la fecha, también iba a ser la primera que aprovecharía las bondades del salto al 3D impulsado por Nintendo 64. No realizaremos un ensayo en torno a este tema, pues ya se ha hablado largo y tendido de la revolución de las tres dimensiones en el mundo de los videojuegos a través de todo tipo de enfoques. Sin embargo, vale la pena destacar la forma en la que Nintendo aprovechó las capacidades de su (entonces) nueva consola para aplicar una capa extra de memorabilidad al recorrido de Link por Hyrule.