The Alters Review

Mi carrera como redactor empezó, quizás, el mismo día que descubrí los videojuegos. Como muchos, me dejé hechizar por los píxeles y los mundos imposibles, y desde entonces todo fue una sucesión de decisiones que me alejaron por suerte o por destino de los aviones, los trenes o incluso las distopías totalitarias de turno. La vida es eso: un cúmulo de elecciones, muchas veces mínimas, que nos van bifurcando como si fuésemos un código en ejecución, siguiendo estructuras del tipo if… then… else. Y en ese gran script existencial, The Alters es una meditación profunda sobre lo que pudo haber sido… y sobre lo que aún podríamos ser.

En este nuevo título de 11 bit studios sí, los mismos detrás de The Invincible tomamos el control de Jan Dolski, técnico espacial de una megacorporación que lo envía de planeta en planeta en busca de Rapidium, un mineral raro y altamente codiciado. Todo iba según lo previsto, hasta que el aterrizaje en un planeta desconocido termina con el resto de la tripulación muerta y Jan despertando solo, en una cápsula de escape, sin entender qué salió mal. El entorno es tan hostil como impresionante: paisajes sombríos, luces abrasadoras, radiación mortal y tres soles girando en el cielo. Uno de ellos, en particular, es capaz de vaporizar cualquier cosa expuesta a su luz. Por eso la base móvil una especie de rueda gigante que debe mantenerse siempre en la zona de sombra se convierte en tu salvación… y en tu hogar. Pero hay un problema: no tienes recursos, ni habilidades suficientes, ni personal. Solo un manual de evacuación y mucho por hacer.

En un inicio, el juego se presenta como un survival en tercera persona con elementos de construcción de base. Sales a recolectar recursos, evitas la radiación, escaneas cuevas y montañas para hallar materiales. Hay un grado de personalización en la dificultad: puedes enfocarte más en la historia, o bien enfrentarte a una gestión más exigente y técnica. Te mueves con la ayuda de un exoesqueleto, limitado por una batería que exige planificación en cada salida. Construyes rampas, sensores, herramientas como ganchos y escáneres, todo mientras te mantienes en la penumbra, huyendo de una mañana que quema. Pero cuando descubres un depósito de Rapidium, todo cambia. El interés de la empresa ya no se centra en el accidente, sino en cuánto puedes extraer. Y en ese momento conoces el Grembo.

El Grembo es un dispositivo casi divino: utilizando el Rapidium, puede generar versiones alternativas de ti mismo. Al principio parece una locura (¿realmente invertimos billones para crear ovejas espaciales?), pero luego entiendes: este artefacto contiene todas tus posibles vidas, todos los caminos no tomados. Si no hubieses ido a la universidad, si te hubieras quedado a cuidar a tu madre, ¿qué habrías sido? ¿Un mecánico? ¿Un botánico? ¿Un soldado? Ahora puedes crear esas versiones de ti y ponerlas a trabajar. Y aquí es donde The Alters se transforma. El juego ya no trata solo de sobrevivir o de explorar, sino de dialogar con tus otras vidas, con esos tú que tomaron decisiones distintas. Pero estos clones no son títeres: tienen opiniones, emociones y reproches. Te juzgan por tus elecciones, por tus omisiones. Te confrontan con lo que has hecho… y con lo que decidiste no hacer. La convivencia con ellos es un campo de minas emocional.

La construcción modular de la base recuerda a Fallout Shelter, pero con más complejidad. Debes equilibrar producción, bienestar y moral. Cada nuevo módulo (laboratorios, cocinas, dormitorios, zonas recreativas) requiere energía y materiales. Y si la convivencia se deteriora, los efectos se sienten. Un alter deprimido puede dejar de colaborar; uno resentido puede sabotear una misión. Mientras afuera el planeta se vuelve más peligroso con lava, tormentas y fenómenos extraños al estilo Stalker, adentro las tensiones se multiplican. Las preguntas se acumulan: ¿quién merece ser salvado? ¿Solo el Jan original? ¿Y si no es el verdadero Jan? ¿Y si uno de los alters cree ser el original?

VEREDICTO
The Alters no es solo un juego de ciencia ficción con buen diseño y mecánicas sólidas. Es una exploración inquietante de la identidad, la culpa y las decisiones que nos definen. A través de un concepto brillante clonar versiones alternativas de uno mismo para sobrevivir, nos enfrenta con la pregunta más difícil de todas: ¿quién serías si hubieras elegido distinto? En un medio saturado de títulos repetitivos, este se atreve a indagar en lo profundo. Y lo hace con estilo, inteligencia y alma. No es solo una historia sobre supervivencia: es un espejo oscuro en el que cada jugador encontrará su propia versión. O versiones.
8.8