Cada vez que Rebellion intenta alejarse de su serie estrella, Sniper Elite, los resultados suelen ser irregulares. Con Atomfall, el estudio nos lleva a un escenario postapocalíptico en la campiña británica, tomando como base un suceso real: el accidente nuclear de 1957, considerado el peor de la historia del Reino Unido. En la versión del juego, el desastre no solo provoca contaminación, sino que desencadena una serie de anomalías que aíslan la zona, convirtiéndola en un terreno inexplorado y peligroso. La historia nos sitúa en 1962, cinco años después de la catástrofe. Despertamos en un búnker sin recuerdos, en medio de un entorno hostil y con un solo objetivo: escapar de la zona de cuarentena. La narrativa se desenvuelve en torno a tres facciones que dominan el área: los druidas, quienes han rechazado la tecnología y abrazan la naturaleza; los bandidos, que solo buscan sobrevivir a cualquier costo; y los soldados del Protocolo, que intentan controlar la situación con un régimen militar en el pueblo de Wyndham.

Si bien la premisa podría recordar a otros títulos del género, Atomfall logra diferenciarse con su ambientación única. En lugar de los paisajes áridos y devastados tan comunes en la ficción postapocalíptica, aquí encontramos vastos campos verdes, bosques densos y aldeas abandonadas que evocan una Gran Bretaña rural de los años 60. El diseño de escenarios es, sin duda, uno de los puntos más fuertes del juego. Cada elemento del entorno parece estar colocado con propósito: desde las icónicas cabinas telefónicas rojas hasta estaciones de servicio desiertas, bunkers abandonados y estructuras deterioradas por la radiación. Todo esto contribuye a una atmósfera inquietante y cautivadora. A diferencia de otros juegos de mundo abierto que nos guían de la mano con mapas saturados de marcadores, Atomfall apuesta por una exploración más libre. No hay minimapa ni brújula; solo una representación general de la zona con puntos clave, lo que obliga al jugador a orientarse por su cuenta. Este enfoque, aunque desafiante, refresca la experiencia en comparación con las tendencias actuales.

Sin embargo, si bien la ambientación es sobresaliente, la jugabilidad no logra estar a la altura. Atomfall es una mezcla de supervivencia, rol y aventura con un poco de acción, pero ninguno de estos elementos brilla realmente. La exploración inicial es fascinante, ya que el juego nos deja descubrir las historias fragmentadas del mundo a nuestro propio ritmo. En lugar de un diario de misiones tradicional, contamos con pistas vagas que nos orientan sobre qué hacer y adónde ir. Esta libertad es un acierto, permitiendo que cada jugador tome su propio camino y llegue a uno de los seis finales posibles de manera orgánica. Sin embargo, la falta de un sistema de viaje rápido convierte el tramo final del juego en una tediosa sucesión de idas y venidas. El combate tampoco es su punto fuerte. Aunque hay variedad de armas de fuego, la munición nunca escasea lo suficiente como para forzar estrategias de supervivencia, y el cuerpo a cuerpo se siente simple y poco satisfactorio. En contraste, la mecánica de sigilo es funcional y permite superar muchas áreas sin ser detectado, lo que añade una capa extra de estrategia para quienes prefieren evitar enfrentamientos directos.
Otro aspecto curioso es la traducción al español, que deja mucho que desear. Algunos textos parecen haber pasado por un traductor automático, lo que genera frases incoherentes y errores notables en los nombres de habilidades y objetos. Además, en varias ocasiones, los mensajes en pantalla aparecían en otros idiomas sin razón aparente. A pesar de estos problemas, el rendimiento técnico del juego es sólido, sin caídas de rendimiento ni errores graves, lo que demuestra el buen trabajo del equipo con su motor gráfico propio.