En Shadow Labyrinth, Bandai Namco decide romper con todo lo que uno podría esperar de una reinterpretación de Pac-Man. Lejos del tono colorido y desenfadado de su origen, este título nos sumerge en una aventura oscura y misteriosa que mezcla acción y exploración con una estética sorprendentemente sombría. Aquí tomamos el control del Espadachín n.º 8, un protagonista enigmático que despierta en un mundo desconocido bajo las órdenes de una extraña esfera amarilla llamada PACC. Sin muchas explicaciones, esta entidad lo convierte en su instrumento de voluntad, empujándolo a enfrentarse a criaturas letales, descubrir secretos enterrados y, poco a poco, asumir su rol como el depredador definitivo. Aunque al inicio todo ocurre con una rapidez desconcertante, la narrativa va revelando una trama intrigante, mucho más densa de lo que aparenta. Y para quienes se aventuren a explorar cada rincón del juego, hay recompensas en forma de sorpresas, referencias ocultas y giros argumentales que aportan sabor extra a la experiencia.

A nivel jugable, Shadow Labyrinth es un metroidvania en 2D que toma todos los elementos clásicos del género: desplazamiento lateral y vertical, escenarios interconectados, rutas bloqueadas que requieren habilidades específicas para avanzar y, por supuesto, una buena dosis de combate. Al poco tiempo de empezar, el Espadachín obtiene su espada, con la que puede hacer frente a los numerosos enemigos que se interponen en su camino. El control es directo y familiar: ataques básicos, saltos, esquivas, embestidas en diferentes direcciones y una barra de energía que habilita ciertas acciones especiales. Pero lo que realmente enriquece el sistema es la intervención de PACC, que otorga al protagonista habilidades adicionales, tanto ofensivas como útiles para interactuar con el entorno. Entre ellas, destaca una especie de modo «furia», perfecto para desatar el caos y eliminar hordas de enemigos en segundos. Aunque sencillo de aprender, dominar el juego requiere atención y destreza. Las secciones de plataformas, en particular, demandan precisión y reflejos, sobre todo si se decide explorar zonas opcionales o más exigentes.

También se incorporan habilidades desbloqueables que consumen resistencia, un botón para curarse usando pociones recargables en puntos de control, y una mecánica de progresión basada en la compra de mejoras pasivas, en lugar del clásico sistema de niveles por experiencia. Como buen metroidvania, la exploración es clave. El mapa está compuesto por biomas interconectados que, al principio, parecen lineales, pero que se van abriendo con nuevas rutas a medida que se adquieren habilidades. Esto fomenta un backtracking inteligente, donde la curiosidad se ve premiada con mejoras permanentes de salud o habilidades útiles. No obstante, se echa de menos algún tipo de indicador que oriente al jugador sobre el siguiente objetivo, lo que puede resultar confuso para quienes prefieren una guía más clara. Los puntos de control están divididos en dos tipos: unos permiten viaje rápido, curación y ajuste de habilidades, mientras que otros solo recargan energía y guardan partida. Esta distinción, aunque curiosa, puede ocasionar ciertos problemas.

Por ejemplo, si uno llega a una pelea difícil sin recursos y sin posibilidad de volver rápidamente a una zona segura, es posible quedar atrapado en una situación desventajosa, lo que obliga a retroceder manualmente y perder un valioso tiempo de juego. Uno de los elementos más llamativos es que, en ciertos tramos, el protagonista se transforma literalmente en Pac-Man para superar laberintos clásicos o sortear zonas llenas de tubos magnéticos. Estas secciones no solo aportan variedad, sino que sirven como homenaje directo a las raíces del personaje, añadiendo un toque nostálgico y creativo al conjunto. Desde el punto de vista artístico, el juego presenta un estilo visual atractivo, con enemigos variados y escenarios que logran transmitir la atmósfera de un mundo alienígena y hostil. Bosques sombríos, minas profundas y estructuras tecnológicas se combinan con un diseño de niveles sólido, aunque no especialmente innovador.
La música cumple su función sin destacar demasiado. Acompaña sin molestar durante la exploración y cobra más fuerza en los combates contra jefes, aunque sin llegar a volverse memorable. A nivel técnico, el juego se muestra pulido y fluido, sin errores notables ni bajones de rendimiento, lo que garantiza una experiencia agradable y sin tropiezos.
