La capacidad de la industria de los videojuegos para representar cualquier cosa la convierte en una verdadera forma de arte, capaz de transmitir emociones y despertar la creatividad de quienes se dedican a ella. Sin embargo, a menudo se reduce a un conjunto de productos enfocados en acciones violentas o competencias deportivas, limitando la percepción de su vastedad y profundidad. En realidad, muchos estudios, especialmente los independientes, llevan años explorando nuevas rutas, creando experiencias que buscan involucrar al usuario de manera emocional, transmitiendo un mensaje simple pero fuerte e indeleble.

Un ejemplo de este enfoque es Koira, resultado de la colaboración entre Studio Tolima y Don’t Nod. Este juego nos introduce en una experiencia narrativa que explora temas profundos como la soledad y la amistad, de una manera directa pero también muy particular. Sin un menú principal, la aventura comienza en la penumbra de un bosque, donde el protagonista se despierta transformado en una estatua y sin memoria de lo sucedido. Al liberarse, explora su entorno, un espacio inquietante marcado por zonas de sombra que funcionan como barreras naturales. Desde el principio, el jugador descubre que las únicas acciones disponibles son caminar y emitir sonidos. Avanzando, se encuentra con un simpático animalito que se convierte en su compañero de viaje, ayudándole a continuar en su misión de regresar a casa. Juntos deben enfrentar peligros como cazadores y trampas dispersas por la naturaleza. La trama se desarrolla sin diálogos, únicamente a través de las acciones del jugador y la resolución de pequeños rompecabezas que giran en torno a la recolección de notas musicales doradas, necesarias para progresar.

A lo largo de la aventura, que se desarrolla en unas pocas horas, el jugador explora diversos entornos naturales, donde los desarrolladores han colocado objetos interactivos que fomentan el vínculo entre los protagonistas. Desde ramitas para jugar con el animal hasta manzanas para alimentarlo, pasando por bolas de nieve para lanzar, cada detalle está diseñado para representar la creciente relación de amistad que surge de la soledad, creando un lazo profundo que evoluciona durante el juego. Studio Tolima ha logrado construir una narrativa emocional que toca el corazón del jugador, sin buscar giros dramáticos. La fuerza del juego radica en su capacidad de involucrar emocionalmente, tocando fibras profundas, especialmente en algunos momentos clave. El componente de acertijos no es complejo, sino que busca permitir que el jugador entienda las mecánicas sonoras del juego, reduciendo la dificultad en favor de una experiencia emocional más rica y de progresión natural.
Visualmente, Koira es una obra maestra realizada a mano, con entornos que ofrecen una estética atractiva y detallada, logrando una sensación de inmersión total. El apartado sonoro juega un papel fundamental, con efectos y melodías que, sabiamente dosificados, logran involucrar al jugador en una experiencia profunda, especialmente si se disfruta con buenos auriculares. En términos técnicos, a pesar de la simplicidad de las figuras en pantalla, el juego funciona a la perfección, sin problemas de fluidez y con un código limpio que no interfiere en la experiencia. La longevidad, aunque contenida, está bien equilibrada, lo que convierte a Koira en un producto que deja huella sin necesidad de largas sesiones de juego o complejidades excesivas.