El mundo de World of Warcraft ha crecido tantísimo a lo largo de sus 20 años de vida que si hoy te propusieras explorar todas las tierras de Azeroth tardarías meses en visitarlas al completo. Y no es para menos porque ya hay más de cien diferentes. Sin embargo, a día de hoy los fans siguen recordando con especial cariño una región que descubrimos por primera vez hace ya 9 años, con la expansión de WoW: Legion, y que no pocos aficionados continúan ensalzando como «la mejor zona de la historia».
Se trata de la colosal ciudad de Suramar, que no solo era vistosa en lo estético, sino que también planteaba un desafío que se sentía único. Hogar de los Shal’dorei todas las misiones, incluso las secundarias, giraban en torno a este pueblo de elfos pero a diferencia de otras ciudades, este era un entorno hostil que te obligaba a moverte con cautela. «Ya habíamos creado grandes ciudades, como Lunargenta, pero este es un lugar muy especial», comentó en su día Blizzard. «Es urbana pero también es una zona de aventuras. Es una ciudad hostil, lo que hace que sea especial por sí misma».
Ese espíritu aventurero se veía reflejado en un montón de misiones que estaban ocultas a simple vista, o que directamente solo aparecían en días o momentos concretos. «También queríamos mostrarles a los jugadores una perspectiva distinta y asegurarnos de que entendieran realmente a los natonocturnos y todo lo que sucede allí. Queríamos darles una perspectiva desde adentro y decidimos utilizar una estrategia de disfraz para que puedan infiltrarse en su sociedad y sentir en carne propia lo que es ser un natonocturno», comentaron los padres de este exitoso MMO.