Painkiller siempre fue sinónimo de acción frenética y caos demoníaco, con armas exageradas y niveles que exigían reflejos rápidos. La saga original se ganó un lugar de culto entre los fans del género, y cualquier intento de reboot o remake se enfrenta a un alto estándar de expectativas. La nueva entrega, desarrollada por el estudio polaco Ashar bajo la licencia de 3D Realms, decide romper con algunas tradiciones: no hay campaña individual y el multijugador se limita a la cooperación, ya sea con otros jugadores o con bots controlados por la IA.

El juego se centra en partidas cooperativas, lo que supone una desviación clara de la fórmula original. Los jugadores deben colaborar para cumplir objetivos, desde recolectar y transportar “contenedores de sangre” hasta derrotar demonios que amenazan con eliminar permanentemente a los personajes. La experiencia con bots es funcional pero limitada: pueden asistir, revivir o seguir ciertas tareas, pero su torpeza en momentos críticos hace que la cooperación con jugadores reales sea casi obligatoria para superar los retos más complejos.

Aunque el concepto de raid estructurado en capítulos y subniveles permite un ritmo rápido y acción constante, la campaña pierde parte del alma narrativa que definía al Painkiller original. Las misiones se sienten repetitivas y el diseño de los jefes finales, aunque visualmente coherente con la estética demoníaca, adolece de monotonía en su ejecución. Aquí, la diversión se centra más en la acción que en la historia. Las armas clásicas de Painkiller regresan con fuerza, como el icónico “analgésico” que destroza demonios cuerpo a cuerpo y el “colimador”, entre mis favoritos.

El juego permite mejorar y personalizar el arsenal, aunque solo se pueden portar dos armas a la vez, lo que añade un toque estratégico al decidir nuestra combinación favorita. La munición limitada obliga a pensar tácticamente, usando cohetes contra enemigos grandes y armas ligeras contra hordas menores. La sensación al disparar y combatir mantiene ese espíritu de acción explosiva que hizo famoso al juego original.
Gráficamente, Painkiller apuesta por un estilo estilizado y retro que recuerda a clásicos como Quake, con entornos bien diseñados y demonios que mantienen la estética original. La banda sonora y los efectos sonoros cumplen su función sin destacar por originalidad, pero complementan adecuadamente la acción y la atmósfera infernal.
