El desarrollo de videojuegos con presupuestos más modestos tiene ventajas claras: los creadores no están sujetos a restricciones estrictas ni a presiones externas sobre la dirección creativa, lo que les permite experimentar y combinar mecánicas de manera híbrida. Así nació Metal Eden, obra del estudio polaco Reikon Games, que fusiona elementos clásicos de Doom con la intensidad y agilidad de Ghostrunner. A primera vista, Metal Eden no parece un proyecto de bajo presupuesto. El estudio recurrió al potente Unreal Engine, aprovechando una tecnología accesible y de probada eficacia, que les permitió enfocarse en ofrecer una experiencia dinámica y absorbente sin reinventar la rueda técnica. El resultado es un juego que invita a sumergirse de lleno en su universo futurista y su ritmo vertiginoso.

Metal Eden se puede describir como un “adrenaline rush sci-fi shooter”: combates intensos contra fuerzas superiores, escenarios futuristas y niveles diseñados para mantener al jugador en constante movimiento. La narrativa combina la acción con un trasfondo interesante: interpretamos a Aska, unidad Hyper encargada de salvar a la humanidad, cuyos datos se conservan en un repositorio orbital mientras la Tierra cae en ruinas. La historia se despliega de manera dinámica, al estilo de Ghostrunner, con un narrador que guía al jugador a través de la conciencia de la protagonista, sumergiéndonos en intrigas, conspiraciones y batallas por el control del futuro.

La jugabilidad es rápida y exigente. Cada misión se centra en avanzar mientras eliminamos enemigos, utilizando mecánicas que recuerdan tanto a Doom como a Returnal. Aska puede morir y reaparecer tantas veces como sea necesario, lo que permite a los jugadores experimentar y perfeccionar su estrategia sin frustraciones extremas, aunque los niveles más difíciles sí presentan un desafío real. La verticalidad y movilidad del escenario korridores, tirolinas y plataformas para wallrunning potencian la sensación de velocidad y libertad, evocando a clásicos como Ghostrunner o Titanfall. El combate se siente sólido y satisfactorio.

Enfrentamos a guardias con diferentes niveles de armadura y tamaño, y tras derrotarlos podemos recolectar núcleos Apex para recuperar salud o potenciar nuestras habilidades. El arsenal es variado: desde rifles de asalto con munición infinita (cuyo cañón se sobrecalienta) hasta escopetas, lanzagranadas y armas energéticas, todas mejorables con la moneda del juego, el Polvo. Los combates más memorables son las oleadas de enemigos en arenas más amplias, que desafían nuestra coordinación y reflejos. Sin embargo, estas secciones más densas ponen a prueba el rendimiento del juego, que ocasionalmente sufre caídas de frames que afectan la experiencia, especialmente en momentos de máxima acción.
Visualmente, Metal Eden brilla. El Unreal Engine ofrece iluminación HDR de calidad, animaciones fluidas y detalles que enriquecen la experiencia. Los diálogos están bien escritos y ejecutados, y aunque la protagonista puede parecer algo “unidimensional” en su rol de salvadora, su presencia encaja dentro de la narrativa intensa y concentrada del juego. La duración es relativamente corta, pero el incentivo de rejugar en niveles de mayor dificultad aporta un reto adicional y demuestra un balance cuidadoso entre desafío y disfrute.
