Tras cuatro años desde Little Nightmares 2, la franquicia regresa para ofrecer una nueva dosis de terror y aventura, esta vez con nuevos personajes, nuevas mecánicas y un nuevo estudio a cargo. Supermassive Games, con experiencia en títulos de terror como Until Dawn y The Dark Pictures Anthology, se encargó de esta tercera entrega, tomando el relevo de Tarsier Studios. Aunque al principio hubo cierta desconfianza entre los fans, el resultado demuestra que la compañía logró capturar la esencia de la serie y expandirla con éxito.

La historia mantiene el contraste entre inocencia y terror que siempre caracterizó a Little Nightmares. Seguimos a Low, un personaje con máscara de cuervo y arco, y a Alone, con su casco punk y destreza física, mientras recorren la Espiral, un mundo donde lo peor de la realidad se convierte en horrores fantásticos. Sin diálogos comprensibles, la narrativa se transmite a través de gestos, acciones y sonidos, haciendo que el vínculo entre ambos personajes evolucione de forma trágica y emocional. La historia toca temas universales como abandono, soledad y miedo, logrando que el terror sea tanto visual como psicológico.

El diseño de niveles es variado y creativo. Desde un desierto surrealista con un gigantesco bebé reborn que petrifica con la mirada, hasta una fábrica de dulces donde criaturas grotescas trabajan bajo la vigilancia de una señora-araña, cada fase ofrece un equilibrio entre belleza y horror. El Carnaval, la tercera fase, combina persecuciones, puzzles y enfrentamientos en un escenario que va del espectáculo al miedo extremo, mientras que la fase final introduce mecánicas novedosas que podrían haberse explotado más, pero culminan en un cierre memorable y emotivo.

La atmósfera, reforzada por un diseño de sonido impecable, es uno de los puntos más fuertes del juego. Los sonidos ambientales y las respiraciones de los enemigos generan tensión y claustrofobia, mientras que los protagonistas emiten sonidos propios que transmiten urgencia o calma según la situación, incluso durante las cutscenes. La ambientación logra que cada escenario se sienta vivo y amenazante, manteniendo al jugador en constante alerta.
En cuanto a jugabilidad, Little Nightmares 3 combina sigilo, puzzles y combate ligero de manera equilibrada. La cooperación entre Low y Alone añade un nuevo nivel de estrategia: uno distrae o aturde enemigos a distancia, mientras el otro interactúa con el entorno o finaliza ataques. El modo cooperativo es intuitivo y está claramente diseñado para ser disfrutado en pareja, pero la IA para quienes juegan solos funciona tan bien que la experiencia no pierde calidad. Los puzzles requieren coordinación y pensamiento táctico, reforzando la tensión sin restarle fluidez al juego.
