El género roguelite no deja de expandirse a un ritmo imparable, con propuestas que semana tras semana nos invitan a conquistar mazmorras, caer en combate y volver a intentarlo. En este escenario, Bandai Namco se ha sumado con fuerza presentando Towa and the Guardians of the Sacred Tree, un hack and slash isométrico que apuesta por una narrativa marcada y un elenco de nueve protagonistas, de los cuales ocho están disponibles desde el inicio, ofreciendo al jugador casi todo el abanico de posibilidades desde la primera partida. La historia evoca las grandes epopeyas corales del cine como Los siete magníficos pero trasladada al terreno del videojuego: Towa, hija de los dioses, debe reunir a ocho guerreros de estilos únicos para enfrentar a los Magaori, criaturas demoníacas al servicio del oscuro Magatsu, que amenazan el árbol sagrado y el pueblo que vive bajo su sombra.

Aunque la misión parece imposible, Towa posee un don crucial: la capacidad de retroceder el tiempo y devolver la vida a sus compañeros caídos, un poder que, como toda bendición, viene acompañado de un costo que se irá revelando en el transcurso de la aventura. El sistema de juego combina acción trepidante con una fuerte capa táctica. Cada misión nos permite elegir una dupla: el Tsurugi, personaje que controlamos directamente, y el Kagura, que brinda apoyo con habilidades mágicas o poderes especiales. Esta mecánica obliga a pensar en sinergias, equilibrando debilidades y fortalezas. El combate gira en torno a dos armas: la Wakizashi (principal) y la Honzashi (secundaria). Ambas se pueden forjar, encantar y mejorar, pero también se desgastan con el uso, lo que obliga a gestionarlas con cuidado para evitar que se rompan en el peor momento.

A medida que derrotamos enemigos, cargamos la barra de maná que desbloquea la Furia, un ataque devastador que no solo limpia la pantalla, sino que también revitaliza la espada equipada. La acción se complementa con un sistema de señales visuales: los rivales marcan con un área roja el alcance de sus ataques, exigiendo reflejos rápidos y un buen uso del dash para esquivar. El diseño de niveles integra eventos y decisiones al estilo Slay the Spire. Al finalizar cada etapa elegimos entre varias opciones: descansar en unas termas para recuperar salud, visitar comerciantes, recibir bendiciones o arriesgarnos en otro combate para obtener mayores recompensas. Este equilibrio entre prudencia y riesgo mantiene la tensión constante en cada run. El hub central, el pueblo al pie del árbol sagrado, funciona como refugio y lugar de progresión. Allí encontramos el dojo para entrenar y mejorar estadísticas, la forja con minijuegos que recuerdan a Cooking Mama, un santuario para obtener bendiciones, pesca para comerciar y hasta un carpintero para embellecer las instalaciones y desbloquear mejoras adicionales.

Esta variedad refuerza la sensación de avance incluso después de una derrota amarga contra alguno de los imponentes jefes como un Kraken colosal que marcan los momentos más espectaculares del juego. Aunque cada guerrero tiene su propio estilo de combate con arquetipos que recuerdan a tanques, arqueros o magos de área, el balance no siempre está bien ajustado. Algunas habilidades de daño en área (AoE) son tan poderosas que dominan el campo de batalla, mientras que otros estilos resultan menos eficientes, lo que puede restar incentivo a experimentar con todo el elenco. Aun así, para completar el juego al 100% es necesario dominar a los nueve personajes, lo que añade un desafío extra para los más dedicados. En lo audiovisual, Towa and the Guardians of the Sacred Tree brilla con un estilo cartoon de inspiración oriental, lleno de colores vibrantes y animaciones cuidadas que lo destacan frente a muchos roguelites actuales, aunque algunas áreas se repiten demasiado en lo visual.
El apartado sonoro cuenta con un sello de prestigio: la música compuesta por Hitoshi Sakimoto, conocido por sus trabajos en Final Fantasy Tactics y Final Fantasy XII, que aporta un trasfondo épico y memorable a cada enfrentamiento.
