WUCHANG: Fallen Feathers Review

Ubicado en los turbulentos últimos años de la dinastía Ming, WUCHANG: Fallen Feathers nos transporta a una China devastada por la guerra y azotada por una extraña enfermedad que transforma a los humanos en criaturas monstruosas. En este escenario de caos y misticismo, tomamos el control de Wuchang, una guerrera de pasado borroso y apariencia pirata que, además de sufrir amnesia, está infectada por la enigmática «Ornitropía». Una premisa con tintes prometedores que recuerda de inmediato a los pilares clásicos del género Soulslike. Desde el primer momento, el juego se apoya en todos los elementos reconocibles para los fanáticos de los Soulsborne: NPCs misteriosos, paisajes sombríos y variados, decisiones morales ambiguas y una narrativa fragmentada que se revela más por el entorno que por los diálogos.

Visualmente, el juego cumple con creces. Las zonas que recorremos y las arenas de combate están bien diseñadas, con una atmósfera cuidada y escenarios que, por momentos, evocan lo mejor de Bloodborne. En especial, el último tercio de la aventura se atreve con un tono más macabro que, estéticamente, deja una huella. Lamentablemente, esa belleza superficial apenas logra disimular la falta de profundidad en otros apartados clave. La historia avanza de forma irregular, con momentos importantes dispersos y mal conectados. Las interacciones con los NPCs resultan breves y poco memorables, y no se construye una conexión emocional significativa con los enemigos o jefes principales. En un título donde el descubrimiento y la inmersión narrativa deberían ser vitales, este desapego termina pesando.

Donde el juego intenta innovar es en su sistema de progresión. Gracias al material llamado «Mercurio Rojo», podemos encantar nuestras armas y modificar el estilo de combate. Además, existe la posibilidad de reasignar puntos de habilidad casi en cualquier punto de control, permitiendo una personalización muy generosa del personaje. Es un enfoque refrescante y bienvenido, aunque no está exento de problemas. El sistema Inner Demon, que permite desatar poderes especiales al aprovechar conflictos entre enemigos de distintas facciones, tiene buenas intenciones, pero se siente subutilizado. En la práctica, añade poco al conjunto, más allá de exponer lo mal equilibrado que está el juego en varias secciones.

El diseño de los jefes también sufre altibajos. Aunque hay algunas peleas desafiantes, la mayoría tiende a repetir patrones similares, y los combates con múltiples fases se pueden contar con los dedos de una mano. Esto, sumado a que muchos enemigos no requieren cambios reales de estrategia, limita la profundidad táctica y reduce el impacto emocional de los enfrentamientos más importantes. El combate en sí se centra fuertemente en la evasión, con bloqueos y parrys relegados a árboles de habilidades específicos según el tipo de arma. La maniobrabilidad es exigente y poco indulgente: si no esquivas con la precisión milimétrica que el juego demanda, simplemente gastarás energía en vano. Este sistema, junto con animaciones algo torpes, puede frustrar más de la cuenta, especialmente cuando se combina con los problemas de rendimiento.

En su estado actual, el juego presenta serios inconvenientes de rendimiento, especialmente en consolas. La tasa de cuadros por segundo es inestable, y en muchos modos gráficos solo es jugable con el FPS bloqueado, lo que afecta gravemente la experiencia en un género donde la precisión lo es todo. A nivel de sonido, el juego no deja ninguna pieza musical ni efecto especialmente memorable. Ni los combates contra jefes ni las conversaciones clave con NPCs logran destacar auditivamente. El diseño sonoro, tan importante en este tipo de experiencias inmersivas, queda muy por debajo de lo esperado.

VEREDICTO
WUCHANG: Fallen Feathers cumple con lo mínimo para entrar en la categoría de Soulslike, pero rara vez logra trascender. Tiene ideas interesantes —como su sistema de habilidades flexible o el atractivo diseño de escenarios—, pero carece del pulido, la identidad y la coherencia que hacen brillar a los referentes del género. Sus problemas de rendimiento, la falta de innovación real y lo genérico de su ejecución lo dejan en un lugar intermedio.
8