El tan esperado Skyrim polaco finalmente aterrizó en consolas. Desarrollado por Awaken Realms y Questline, Tainted Grail: The Fall of Avalon es un ambicioso RPG en primera persona que toma prestado el ADN de Bethesda para moldear una experiencia de mundo abierto inspirada en las leyendas del Rey Arturo. Contra todo pronóstico y con un presupuesto modesto, el juego logra salir adelante, ofreciendo una experiencia sorprendentemente sólida, aunque no exenta de fallos. Esta es la segunda incursión del universo Tainted Grail en el terreno digital, una franquicia que inició como exitoso juego de mesa y que luego se expandió al roguelike Tainted Grail: Conquest. Ahora, con esta nueva entrega, el estudio polaco apuesta por una experiencia mucho más cercana al rol occidental clásico: una historia rica en matices, exploración libre, desarrollo de personaje y una narrativa que se ramifica según nuestras decisiones.

La historia comienza con la caída del mítico Avalon, un reino ahora corrompido por una plaga conocida como el Rojo. Nuestro protagonista despierta prisionero en manos de los misteriosos Sacerdotes Rojos, quienes planean resucitar al mismísimo Rey Arturo, fallecido hace seiscientos años. Pronto descubrimos que un fragmento del alma del antiguo monarca habita en nuestra mente, guiándonos y atormentándonos a lo largo de esta oscura travesía. El relato, pese a sus limitaciones técnicas, logra captar la atención gracias a un guion sólido y una ambientación sombría. Las cinemáticas están bien logradas, los diálogos son convincentes y las notas repartidas por el mundo ayudan a construir una mitología fascinante. Las misiones principales y secundarias no solo sorprenden por su variedad, sino también por las consecuencias reales que nuestras decisiones pueden acarrear. La exploración, tanto a pie como a caballo, está repleta de secretos, mazmorras y eventos inesperados que recompensan la curiosidad.

Desde la perspectiva artística, el juego destila una atmósfera gótica que remite tanto a The Elder Scrolls como, en ciertos pasajes, al tono visual de Elden Ring. Sin embargo, en lugar de sumarse a la ola de soulslike genéricos, sus creadores apuestan por una fórmula clásica de exploración y libertad total. Podemos alternar entre vista en primera o tercera persona y recorrer un mundo variado que incluye castillos en ruinas, bosques en penumbra y montañas escarpadas. Eso sí, el mundo puede sentirse un tanto vacío en algunos tramos, algo que los desarrolladores justifican con la presencia de una especie de maldición viviente que domina el territorio y se intensifica por la noche. Esta mecánica, junto con un ciclo día-noche algo apresurado, aporta un tinte inquietante a las travesías nocturnas. Jugablemente, The Fall of Avalon es un sucesor espiritual directo de Skyrim. La progresión de habilidades está basada en la práctica: cuanto más utilices un tipo de arma o magia, más eficaz serás en ella. El árbol de talentos es robusto, y también hay mecánicas de cocina, alquimia y crafteo que aportan profundidad al sistema de supervivencia. El combate es satisfactorio, con buena respuesta al control y una detección de impactos efectiva.

No hay escalado automático de enemigos, lo que obliga a medir bien nuestras rutas, especialmente en las primeras horas, cuando podemos toparnos con criaturas que nos superan ampliamente. El bestiario, por su parte, es digno de cualquier fantasía oscura: desde zombis y ghouls hasta caballeros poseídos y monjes corrompidos. Donde más flaquea el juego es en su presentación gráfica. Aunque el estilo artístico tiene personalidad, las texturas de baja calidad, la escasa densidad de NPCs y un aliasing notable afectan la inmersión. El rendimiento general es aceptable, pero lejos de pulido. El juego compensa estas carencias con una identidad propia y una dirección creativa clara. A pesar de las comparaciones inevitables con el remaster reciente de Oblivion, Tainted Grail: The Fall of Avalon mantiene su encanto y demuestra que no todo necesita gráficos de última generación para ofrecer una experiencia memorable.
